sábado, 24 de noviembre de 2012

HABILIDAD Y SENSIBILIDAD


Escrito por Matt Redman
Me gustaría trasmitirles la idea de mantener nuestra habilidad a un nivel que nos permita fluir con el Espíritu Santo. Los primeros versículos del Salmo 33 nos urgen: “Aclamad a Jehová con arpa; cantadle con salterio y decacordio. Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo”. Las palabras “hacedlo bien”
significan dos cosas. Primero, que toquemos nuestros instrumentos lo mejor que podamos, habiéndonos preparado todo lo posible. Y segundo, que toquemos con sensibilidad, con la capacidad de fluir con el
Espíritu Santo mientras adoramos como congregación. Los músicos pueden tener gran técnica, pero sin esta sensibilidad se distraerán del objetivo de la adoración. Esta sensibilidad nos lleva a tocar lo que se necesita en el momento justo. Aparentemente, Eric Clapton dijo una vez que su ambición era hacer llorar a las
personas al tocar una sola nota. A veces, menos es más. También leemos en 1 Crónicas 25, sobre los sacerdotes levitas que se encargaban de la adoración en el templo: “Instruidos en el canto para Jehová” (v. 7). Aquí hay dedicación al llamado, y así debe ser con nosotros. Hagamos lo que hiciéramos, debemos hacerlo con todo nuestro corazón, pasar tiempo en el aprendizaje y el desarrollo de nuestro talento para mejorar nuestra habilidad, como expresión de nuestro amor por Dios. Tomemos clases, estudiemos,
exijámonos, aprendamos escala, acordes, combinaciones, y aprendamos a “seguir el ritmo de Dios”.
El trompetista y vocalista Phil Driscoll dijo una vez: “Intento mantener mi habilidad en un nivel que me permita fluir con el Espíritu Santo”. Como músicos, podemos expresar el corazón de Dios con nuestra música. La música es el lenguaje que Dios utiliza para hablarnos, de la misma manera en que Él se revela en toda la creación. Cuanto más aprendemos, tanto mayor será el vocabulario del que dispongamos para expresar lo que Dios dice. Estemos alertas, porque nunca sabemos dónde nos llevará el Espíritu Santo. Que nuestra adoración sea más que canciones, y que estas sean la plataforma de lanzamiento hacia algo nuevo. Por ejemplo, en momentos de intercesión Dios quizá quiera que usted exprese su corazón por una nación con los sonidos de esa cultura, así que aprenda otros estilos e instrumentos locales, y esté preparado.
En nuestros momentos de adoración en equipo, es bueno expresar nuestra adoración a Dios en conjunto, pero habrá momentos en que sentimos el impulso del Espíritu Santo para “tocar desde el alma”. Pase tiempo improvisando, cantando canciones nuevas, creando melodías para Dios. Y recuerde que todo lo que se habla también puede cantarse. Un fin de semana, durante un seminario de adoración, les pregunté a los músicos si sentían algo que proviniera del Señor. Uno de los bajistas dijo que sentía que el gozo de Dios burbujeaba. Le di mi bajo y comenzó a tocar figuras. Enseguida, los demás instrumentos se le unieron, y todos comenzamos a bailar. Todos sentimos el gozo del Señor en ese momento. También recuerdo cómo me inspiró una violinista, Ruth Fazal, que tocaba su violín mientras leíamos las Escrituras. Parecía poder
transmitir el significado de cada versículo que leíamos.

En el Antiguo Testamento vemos que se utilizaron músicos para liberar la palabra profética. En 2 Reyes 3:14 Eliseo pidió que se llamara a un arpista, y mientras este tocaba, la mano del Señor desciendió sobre Eliseo, y el profeta profetizaba. También vemos liberación, como con David cuando tocó ante Saúl. En 1 Samuel
16:23 leemos que David tomó su arpa y tocó, y entonces el espíritu maligno dejó en libertad a Saúl.
Como músicos, debemos escuchar a la banda con un oído, y con el otro oír lo que nos dice el Espíritu Santo. Trabajemos en esto y aprendamos a fluir con el Espíritu Santo.

Matt Redmann (web oficial) 

sábado, 20 de octubre de 2012

DOS LIBROS PARA RECOMENDAR

LES RECOMIENDO BUSCAR ESTOS LIBROS EN SU LIBRERIA AMIGA. 
SON PROFUNDOS Y MUY TEORICOS. BENDICIONES.

LEWIS SPERRY CHAFER
CHARLES C. RYRIE

domingo, 7 de octubre de 2012

MINISTRANDO AL SEÑOR

Como Iglesia hemos sido llamados a ministrar en tres áreas. En orden de importancia son: Ministrar al Señor, ministrar a la iglesia y ministrar al mundo. Creo que como hijos de Dios hemos invertido la importancia de este orden.
Desde el día de Pentecostés la iglesia a entendido su papel de ministrar al mundo llevando el mensaje del evangelio a los perdidos, todo empezó en Jerusalén, luego en Judea, después en Samaria y hasta donde estamos nosotros; “Lo último de la tierra”. Claro que hay mucho más que hacer, la necesidad del mundo es mucha.
De la misma manera hemos entendido la importancia de ministrar a la iglesia, ministrarnos unos a otros. En las últimas décadas ha habido un énfasis muy fuerte en esta área. Congresos de jóvenes, campamentos de adolescentes, retiros de matrimonios, eventos para hombres, mujeres y niños. Todos estos se llevan a cabo con el fin de ministrar a la iglesia. Cuando visitamos cualquier librería cristiana, encontramos todo tipo de libros dirigidos a ministrar al cuerpo de Cristo. No hay un tema que se escape, hasta libros acerca de cómo perder peso se han escrito para los creyentes.
Aun lo que nosotros hemos conocido como “alabanza y adoración” en las ultimas dos décadas, en su gran mayoría han sido canciones de animo y ministración para la iglesia, canciones de restauración y reflexión, más que de adoración.
En relación a ministrar a la iglesia el Espíritu Santo nos a llevado a entender el poder que hay en nuestras bocas para bendecir, esto a provocado un énfasis muy fuerte en bendecirnos los unos a los otros, bendecir a nuestros hijos nuestras ciudades, etc. Somos una iglesia bendecida.
Pero, ¿qué del área más importante en nuestro ministerio?
¿Qué de bendecir al Señor?
Esta es el área más descuidada de nuestro ministerio, pero el Espíritu Santo está haciendo algo maravilloso a través de la tierra, El está llevando a los hijos de Dios a cumplir su ministerio más importante “bendecir al Señor”.
No se tu, pero yo me siento tan bendecido por el Señor, que ha veces hasta me siento mal en pedir.
En los últimos meses mis tiempos de oración han carecido de la ya tradicional “lista de necesidades” y me he dedicado a ministrarle a El, a bendecir su nombre. De vez en cuando viene la “tentación” de pedir algo, especialmente cuando estamos a punto de tener algún evento especial, pero la resisto y continúo bendiciéndole.
Ministrar al Señor es algo que haremos por la eternidad, así que debemos empezar a practicarlo con más frecuencia.
El único ministerio que continuará por la eternidad será el de ministrar al Señor.
El ministerio al mundo acabará, el ministerio a la iglesia terminará, pero no el de ministrar al Señor.
Todos nos volveremos como los Ángeles, David dice de ellos: “Bendecid a Jehová vosotros sus Ángeles,… ministros suyos que hacéis su voluntad” Salmo 103:20-21 El ministerio de los Ángeles es bendecir al Señor y hacer su voluntad y en esa dirección está caminando la iglesia.
La iglesia del Señor mostrara que ha madurado cuando aprenda a bendecir al Señor. Esta es la muestra del verdadero carácter. Así es el carácter de Dios el carácter de padre. 
El que tiene carácter de padre se deleita en dar, en bendecir, en cambio, el que no crece y permanece como un niño solo se deleita en recibir.
Como iglesia hemos demostrado carácter de niño en este aspecto pero el propósito de Dios es que cada uno de nosotros alcancemos la madurez, crezcamos hasta convertirnos en padres y nos deleitemos en dar, en bendecir, especialmente a nuestro Señor.
Desde los tiempos de David no había un énfasis tan fuerte en bendecir al Señor, pero las cosas están empezando a cambiar.
La iglesia como David está diciendo: “Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará de continuo en mi boca”
Te invito a ministrar al Señor en todo tiempo. Empieza el día bendiciéndole y termina el día de la misma manera.